Cuando el vaso se desborda
El autocuidado cuesta más justo cuando más lo necesitamos.
Cuando la agenda está llena y el día se amontona de tareas, solemos lanzarnos de cabeza al estrés, o hacer lo contrario: procrastinar, desplazarnos por el móvil. Que el vaso acabe desbordándose es la consecuencia más lógica. Si algo entra constantemente pero no hay salida, nadie puede aguantarlo mucho tiempo.
La primera pregunta que me hago en esos momentos es muy sencilla: ¿están cubiertas mis necesidades básicas ahora mismo? Dormir, comer, agua, descanso. Cuando estamos bajo presión, lo primero que olvidamos es lo más obvio.
Una vez comprobado eso, me ayuda un enfoque concreto: una lista de cosas que me sientan bien. Incluso pequeñas. Un té caliente, diez minutos de música. La lista está en un sitio visible, y cada día elijo dos cosas de ella. Con cinco minutos basta.
Lo que sostiene todo esto es la autocompasión: la capacidad de ser tan amable con una misma como lo sería con una buena amiga. Sobre eso escribiré más pronto.
Nastassja Volkov, Psicóloga y Psicoterapeuta